El sector tecnológico ha culminado el año 2025 con una mezcla de audaces avances y advertencias significativas. En un lapso de tiempo que abarca desde un notable resurgir de la fabricación de semiconductores en Estados Unidos hasta un conjunto de acuerdos millonarios en inteligencia artificial (IA), la industria se ha enfrentado a numerosos desafíos y oportunidades.
Uno de los desarrollos más destacados ha sido el retorno de la fabricación de chips a suelo estadounidense, catalizado inicialmente por el CHIPS and Science Act. Este acto reflejó un movimiento hacia la producción nacional, ejemplificado por el masivo programa de fabricación de Apple, estimado en 600,000 millones de dólares. Sin embargo, este movimiento, aunque económicamente significativo, ha planteado cuestionamientos sobre el costo adicional de la producción local comparado con el extranjero, ejemplificado por la producción en Arizona, que se estima entre un cinco y un 20% más cara que en Taiwán.
En paralelo, se observó un incremento en la participación estatal dentro de empresas tecnológicas. El caso más notable fue la adquisición de un 9,9% de Intel por parte del gobierno estadounidense, lo que refleja un cambio hacia un modelo donde el Estado no solo regula, sino que también actúa como accionista. Esta intervención estatal se extendió a otros sectores críticos como los imanes de tierras raras, con el Departamento de Defensa comprando un 15% de MP Materials.
La inteligencia artificial ha continuado siendo un motor de inversiones enérgicas, con empresas como OpenAI y Nvidia en el centro de múltiples acuerdos. Proyectos como Stargate, que contempla una inversión de 500,000 millones de dólares para la construcción de campus de datos, ejemplifican la magnitud de estas apuestas. Sin embargo, a pesar del entusiasmo y las elevadas valoraciones, la viabilidad financiera a largo plazo de estos movimientos permanece en cuestión, especialmente considerando que empresas como OpenAI aún no han alcanzado la rentabilidad.
Por otro lado, la computación cuántica sigue despertando tanto esperanza como escepticismo. A pesar de las inversiones considerables y los programas gubernamentales diseñados para acelerar su desarrollo, persisten las interrogantes sobre cuándo será realmente útil y cuál de las tecnologías cuánticas vaticinadas liderará en la próxima década.
Finalmente, mientras la industria tecnológica celebra sus logros, enfrenta un desafío inminente: la posible escasez en capacidad de almacenamiento y chips de memoria para 2026. Este cuello de botella potencial amenaza con limitar el ritmo de crecimiento y subraya la importancia de asegurar un suministro adecuado para convertir el actual entusiasmo en una infraestructura sostenible. La conclusión parece clara: 2026 será un año decisivo para ver si los avances se traducen en soluciones operativas reales en un sector que no deja de evolucionar vertiginosamente.








