El reciente bombardeo saudí sobre el puerto de Mukalla en Yemen marca una ruptura estratégica entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, precisamente dos aliados tradicionales en el Golfo. Este conflicto refleja diferencias profundas en sus modelos de poder. Mientras Abu Dabi ha favorecido un enfoque indirecto mediante el apoyo a secesionistas y la influencia comercial y militar en estados frágiles, Riad busca mantener una estructura estatal en Yemen que evite su fragmentación y proteja sus fronteras. La crisis ha generado un giro en la política saudí, debilitando la influencia emiratí en el sur de Yemen. Los analistas prevén que, aunque es improbable una ruptura total, las tensiones continuarán siendo estructurales, con Yemen como el foco central de esta rivalidad controlada. Ambos países aún comparten intereses comunes, como la contención de Irán, pero la competencia por influencia regional sigue latente, extendiéndose incluso al Mar Rojo y África.
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