En un contexto donde la revolución de la inteligencia artificial avanza con paso firme, la infraestructura necesaria para sostener este crecimiento se enfrenta a un reto inesperado: la disponibilidad de electricidad. A pesar del rápido avance tecnológico en áreas como chips y modelos computacionales cada vez más grandes, la industria ahora se enfrenta a un obstáculo más mundano pero crítico —la energía— y está adoptando soluciones innovadoras y no exentas de debate para abordar esta limitación.
Para el año 2025, la situación ha llevado a que varios operadores de centros de datos, especialmente en regiones como Norteamérica, recurran a la generación in situ de electricidad mediante el uso de turbinas aeroderivadas y grupos electrógenos que funcionan con diésel o gas. Estos sistemas, que inicialmente estaban destinados como respaldo, ahora se están utilizando como fuentes principales de energía. Con la creciente demanda de potencia para nuevos centros de datos, los tiempos de espera para conexiones robustas a la red convencional se han disparado, empujando a la industria a buscar alternativas rápidas.
Las turbinas aeroderivadas, inspiradas en tecnología aeronáutica, han ganado popularidad debido a su capacidad para entregar grandes cantidades de electricidad con rapidez. En la práctica, estas turbinas sirven como un puente temporal que permite a las empresas encender y operar centros de datos incluso antes de contar con una conexión a la red eléctrica principal. Sin embargo, esta no es una solución sin complejidades. El acceso a estas turbinas se está convirtiendo en un desafío en sí mismo, con tiempos de espera prolongados para adquirir algunas de las componentes más demandadas y elevados costos de reserva.
La adopción de estas soluciones de emergencia no está exenta de críticas y preocupaciones. La generación de energía localmente con diésel o gas no solo es costosa sino que también tiene implicaciones significativas en términos de emisiones de carbono, ruido, y relaciones con comunidades aledañas. Si bien estas medidas pueden evitar retrasos costosos, plantean interrogantes sobre la sostenibilidad y la responsabilidad ambiental del sector de la inteligencia artificial.
La creciente dependencia de soluciones provisionales como las turbinas aeroderivadas refleja un problema más amplio: mientras que la inteligencia artificial y las expectativas que conlleva crecen a un ritmo sin precedentes, la planificación y construcción de infraestructura eléctrica no han podido mantener el mismo ritmo. En un mundo donde la inmediatez y la rapidez son valores empresariales, la necesidad de energía ahora, y no en algunos años, está llevando a decisiones que podrían tener repercusiones duraderas.
Empieza a surgir una paradoja: la misma tecnología prometida para mejorar la eficiencia y minimizar el uso de recursos está obligando a ciertas partes de la industria a consumir aún más combustibles fósiles para poder comenzar a operar. El debate sobre el equilibrio entre crecimiento tecnológico y sostenibilidad se vuelve cada vez más urgente y complejo, empujando a la industria a reconsiderar sus enfoques tanto en términos de estrategia energética como de responsabilidad ambiental. Esto no solo es un desafío técnico, sino también un dilema ético y reputacional que requerirá innovación y compromiso por parte de todos los actores involucrados.








