La situación en Oriente Medio se agrava con un incremento de la violencia entre Estados Unidos, Israel e Irán, especialmente tras los recientes bombardeos israelíes en áreas cercanas a Teherán y la subsiguiente respuesta iraní con misiles y drones. El conflicto se expande a puntos estratégicos como el Golfo Pérsico y el sur de Líbano, intensificando los temores de una escalada regional. El estrecho de Ormuz se convierte en un punto crítico debido a su importancia para el transporte de petróleo, impactando los precios globales, incluyendo en Europa, donde los ministros de Energía se preparan para discutir los efectos en la seguridad del suministro. Mientras tanto, la situación humanitaria empeora sin señales de un cese al fuego. Además, un ataque iraní a un petrolero kuwaití en Dubái agrava las tensiones, aunque sin causar víctimas.
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