Washington percibe a Europa como un continente en decadencia, caracterizado por un acelerado envejecimiento poblacional y un incremento en la inmigración que ha contribuido a un estancamiento económico y una fragmentación cultural evidente. Además, políticamente, el continente europeo es visto como subyugado por el pensamiento ‘woke’, una ideología que muchos en Estados Unidos consideran dominante y restrictiva en el discurso político y social. Esta percepción subraya una creciente desconexión y relevancia disminuida de Europa en el escenario global según la mirada estadounidense.
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