En el pequeño pueblo de Gigny-Bussy, en el noreste de Francia, un agricultor ha causado un fenómeno social al regalar 500 toneladas de patatas, atrayendo a centenares de personas en busca de aprovechar la generosa oferta. Cientos de vehículos, desde coches familiares hasta furgonetas, hicieron fila para recoger los tubérculos que el agricultor, enfrentado a la imposibilidad de comercializarlos, decidió regalar en lugar de destruir. Este gesto, cargado de simbolismo contra el desperdicio alimentario en tiempos de inflación, ha convertido el evento en un símbolo de solidaridad. Mientras unos ven la oportunidad económica de revenderlas, la mayoría celebra el espíritu comunitario y de ayuda mutua que se ha generado. La acción, aunque motivada por la imposibilidad de obtener beneficios al vender, resalta prácticas comunes entre agricultores franceses para evitar el despilfarro, cobrando mayor relevancia en el contexto actual de encarecimiento de la vida.
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