La minería submarina, considerada una solución a la creciente demanda de metales críticos como níquel, cobalto y manganeso, enfrenta preocupaciones por su impacto en los ecosistemas marinos. Un estudio reciente realizado en la Zona Clarion-Clipperton, entre México y Hawái, reveló que la actividad minera puede reducir la diversidad de especies en aproximadamente un 32%. Durante cinco años, los científicos observaron cómo la maquinaria minera alteraba la biodiversidad en el fondo marino, afectando especialmente a la macrofauna en la capa superior de los sedimentos. A pesar del potencial económico de los nódulos polimetálicos, la comunidad científica advierte que estos ecosistemas se recuperan lentamente y que las huellas dejadas pueden persistir durante décadas. La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, reguladora de estas actividades, requiere evaluaciones de impacto ambiental para proteger y comprender mejor estos hábitats profundos.
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