El auge de los centros de datos orientados a la inteligencia artificial ya está dejando su huella en un componente que hasta ahora se percibía como sólido: las CPUs de servidor. Un informe reciente de KeyBanc sugiere que AMD e Intel están considerando un incremento de precios entre el 10% y el 15% en el primer trimestre de 2026, como respuesta a la creciente demanda de las empresas hiperescalares que ha puesto presión sobre los inventarios actuales y futuros.
En el fondo de esta situación está el resurgimiento de la demanda por infraestructura de servidor generalista, impulsada por tres factores clave: la renovación de generaciones de CPUs, el constante empuje de la inferencia en IA y un «catch-up» en inversión luego de años orientados hacia los aceleradores. Estos elementos han llevado a una situación en la que la elasticidad del cliente se reduce y el precio comienza a jugar un rol crucial.
El mercado ha relacionado de manera casi instintiva la IA con las GPUs, pero los grandes despliegues necesitan plataformas de rack cada vez más integradas. En estas, las CPUs junto con DPUs y switches juegan un papel esencial al mover datos y mantener la operatividad del sistema. Arm ha destacado que la escalabilidad en IA no se trata solo de incorporar más aceleradores, sino de diseñar todo el sistema, donde la CPU es fundamental para la orquestación y la fiabilidad.
En respuesta a este clima de renovación, los fabricantes han lanzado nuevas familias de productos. Intel, por ejemplo, ha presentado su línea Xeon 6, dirigida al rendimiento, mientras que AMD sostiene su familia EPYC 9005, también conocida como «Turin». Este desarrollo tecnológico está provocando que los ciclos de actualización se conviertan en una herramienta poderosa, dificultando detener las compras durante fases de alta demanda.
Aunque una subida de precios del 10-15% puede parecer moderada comparada con la volatilidad de las GPUs, su impacto real es considerable debido a la ubiquidad de las CPUs en los centros de datos. El informe de KeyBanc también alerta sobre posibles restricciones de suministro y la necesidad de asegurar capacidad adicional, sugiriendo que el mercado podría entrar en un modo de asignación, típico en ciclos fuertes de semiconductores.
Para los compradores, la planificación y una arquitectura eficiente son esenciales. Es fundamental no solo negociar precios en las CPUs, sino evitar sobreaprovisionamiento y optimizar configuraciones para cada carga de trabajo.
Desde el punto de vista financiero, AMD e Intel podrían beneficiarse si logran imponer estas subidas de precios, aunque las compañías no han confirmado oficialmente ningún incremento. Sin embargo, el mercado siempre es susceptible de rotaciones de demanda y la competencia, con actores como Arm, que limitan cuánto puede aumentar el precio en segmentos sensibles.
El cambio en la discusión, desde quién vende más núcleos a quién puede garantizar capacidad y entrega, es una clara señal de la etapa del ciclo en el que se encuentra el mercado. En conjunto, estos desarrollos están configurando un escenario donde las CPUs vuelven al centro del juego, impulsadas por necesidades de infraestructura más integradas y sofisticadas.








