El príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, ha instado al presidente estadounidense, Donald Trump, a intensificar la campaña militar contra Irán con el fin de aprovechar lo que considera una «oportunidad histórica» para desmantelar el sistema de poder iraní. Sin embargo, esta postura belicista contrasta con la postura ambivalente de la Casa Blanca, que alterna entre la desescalada y el endurecimiento del conflicto. El enfoque maximalista de Bin Salmán incluye operaciones militares extendidas, lo que ha generado preocupación en Washington y Arabia Saudí por el riesgo de una guerra prolongada que podría desestabilizar aún más el Golfo y afectar al mercado energético global. Aunque el Gobierno saudí ha negado públicamente cualquier intención de prolongar la guerra, el impacto económico y estratégico de la confrontación ya se siente intensamente en la región, amenazando con desbaratar los planes de Visión 2030 y aumentando la presión sobre las rutas de suministro de petróleo.
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