En el horizonte de 2026, el gigante tecnológico Arm ha lanzado un conjunto de predicciones que pintan un panorama futurista para la industria tecnológica. Las proyecciones no solo redefinen cómo se construyen y utilizan los dispositivos, sino que también reestructuran nuestra comprensión de la informática y de la Inteligencia Artificial (IA). En este contexto, Arm destaca que el debate ha pasado de la pura potencia bruta a una reflexión más compleja sobre la organización del cómputo y la ubicación de la ejecución de IA, promoviendo una transición hacia una distribución más inteligente entre la nube, los dispositivos y los sistemas físicos.
Las predicciones de Arm se alinean con tendencias emergentes en el mercado, marcadas por las limitaciones del silicio monolítico, el alto consumo energético de los centros de datos, y el formidable aumento de las cargas de IA. Se perciben tres líneas principales en sus predicciones: una arquitectura modular, seguridad integrada desde el diseño y una IA distribuida que busca ser la nueva norma. Este dibujo prevé un cambio radical en la industria, donde el objetivo es lograr un mayor rendimiento por vatio y un control optimizado sobre la seguridad y los costes.
El enfoque en la modularidad es claro con la introducción de sistemas de chiplets y la integración en 3D. Esta innovación sugiere una evolución de diseños monolíticos a sistemas modulares que separan el cómputo, la memoria y las funciones de entrada/salida en bloques intercambiables. Esto abre la puerta a un mercado más interoperable, menos dependiente de un solo proveedor, y transforma la creación de sistemas en un ensamblaje de “puzles” de chiplets, optimizando así los costes de producción y redefiniendo la arquitectura de los sistemas.
La seguridad como un requisito mínimo también aparece en estas proyecciones. Con la IA incrustada en infraestructuras críticas, la protección deja de ser un lujo para convertirse en una necesidad. Arm aboga por una seguridad “by design”, donde las tecnologías como la Memory Tagging Extension (MTE) garantizan un entorno más seguro al detectar errores de memoria de manera proactiva.
En cuanto a los centros de datos, Arm prevé que para 2026 estos evolucionen hacia hubs “convergentes” donde la eficiencia y el co-diseño sistema-software prevalezcan. Aquí, la tendencia se aleja de asegurar exclusivamente un alto rendimiento para enfocarse en maximizar la eficiencia energética, reduciendo así los costos derivados de potencia, refrigeración y espacio físico, convirtiendo la eficiencia en un indicador financiero clave.
Respecto a la IA distribuida, Arm predice que el edge computing ganará protagonismo debido a razones prácticas como latencia, coste, privacidad y resiliencia. Aunque la nube seguirá siendo esencial para el entrenamiento de IA, el edge asumirá funciones más complejas de inferencia y adaptación local. Esta simbiosis promueve una continuidad coordinada donde cada capa opera en su área de máximo rendimiento.
Por último, la visión de Arm sobre la IA muestra un giro hacia modelos de IA más pequeños y especializados (SLMs), que ofrecen inferencias eficientes con menor consumo de recursos. Esto garantiza una inteligencia artificial más accesible y aplicable en dispositivos con capacidades limitadas, sin depender de una conexión constante a servicios cloud.
En definitiva, las predicciones de Arm para 2026 no solo proyectan el futuro de la tecnología, sino que aluden a una industria dinámica, donde el éxito se mide tanto en términos de eficiencia energética como en la capacidad para distribuir inteligencia de manera eficaz y segura. Esta visión de un futuro modular y distribuido marca el comienzo de una nueva era para la tecnología, donde la arquitectura y el diseño serán los nuevos pilares de la innovación.








