En un esfuerzo por reafirmar su compromiso con la innovación y el desarrollo tecnológico, los gobiernos de la Unión Europea han decidido destinar un total de aproximadamente 130.200 millones de euros a la investigación y desarrollo (I+D) en 2025. Esta cifra, que representa el 0,69% del Producto Interno Bruto (PIB) del bloque, denota un crecimiento del 2,4% respecto al año 2024, incrementando notablemente desde los 127.144 millones de euros asignados anteriormente. En una década, desde 2015, las asignaciones han experimentado un asombroso aumento del 60,5%, subrayando la relevancia de la investigación en la agenda política y económica de Europa.
Según los datos recopilados por Eurostat, esta inversión sostenida se traduce en un gasto por habitante de 288,9 euros, un salto significativo del 57,7% desde hace diez años, cuando era de 183,2 euros. Este esfuerzo económico pone de relieve las diferencias entre los distintos países de la UE. Luxemburgo ocupa el primer lugar en inversión por persona, con 917,2 euros, con Dinamarca y Alemania siguiéndole con 627,1 y 553,5 euros respectivamente. En el otro extremo del espectro, Rumanía, Hungría y Malta figuran entre los países con menores asignaciones por habitante, desglosándose en 18,8, 57,4 y 73,7 euros respectivamente.
El terreno de I+D ha sido testigo de avances significativos en la mayoría de los Estados miembros, con la excepción de Rumanía, el único país que ha reducido su presupuesto per cápita desde 2015, pasando de 20,8 euros a 18,8 euros, lo que representa una disminución del 9,6%. No obstante, otros países han demostrado un progreso notable; Suecia, por ejemplo, incrementó su inversión en un 14,7%, llevando su asignación per cápita de 363,4 euros a 416,7 euros, mientras que Bulgaria experimentó un impresionante aumento del 495,5%, de 15,5 euros a 92,3 euros.
En cuanto a la distribución interna de este presupuesto, un significativo 37,3% está destinado a la promoción general del conocimiento, principalmente a través de los fondos generales universitarios que nutren a las instituciones de educación superior pública. Además, el 18,4% del presupuesto se dirige a promover el conocimiento desde otras fuentes, un 9,5% se enfoca en la producción industrial y tecnología, un 6,7% en el área de la salud, y un 5,8% en defensa.
Las cifras muestran no solo el creciente compromiso de la Unión Europea con el avance tecnológico y la investigación, sino también las discrepancias entre los distintos países que integran el bloque. Este aumento en la financiación denota la intención colectiva y el impulso hacia el fortalecimiento de una base de conocimiento sólida en toda Europa, incluso mientras se enfrentan desafíos en el reparto equitativo de los recursos.




