El Atlántico Norte alberga una población crítica de ballenas francas glaciales, con solo 384 ejemplares según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos. A pesar de un aumento del 7% en nacimientos desde 2020, la especie sigue en peligro de extinción debido a amenazas como colisiones con embarcaciones y enredos en redes de pesca. Los 15 nacimientos recientes no son suficientes para compensar la alta mortalidad de individuos adultos. Las regulaciones actuales, extendidas hasta 2028 bajo la presión de la industria pesquera, son consideradas insuficientes para proteger a estas ballenas durante sus migraciones. Los expertos insisten en que medidas como limitar la velocidad de los barcos y emplear artes de pesca menos peligrosas son esenciales para asegurar la supervivencia de este mamífero marino amenazado.
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