Los gobiernos europeos están reconfigurando sus políticas digitales para abordar la crisis de salud mental juvenil, siendo Austria el último en aplicar una regulación estricta que prohíbe el uso de redes sociales por menores de 14 años. Este enfoque responde al impacto perjudicial de los algoritmos y contenidos sin filtrar en los jóvenes y marca un cambio hacia un control más riguroso frente a la autorregulación previa de las grandes tecnológicas. La normativa austriaca también exige a los adolescentes de 14 a 16 años obtener consentimiento parental verificado para usar plataformas como Instagram o TikTok. Las plataformas que no cumplan con estos requisitos enfrentan sanciones económicas. Esta decisión está generando un debate a nivel europeo y presiona a la Comisión Europea para unificar las legislaciones, mientras la industria tecnológica objeta que estas medidas afectan la privacidad y el derecho a la información de los menores.
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