Avances en Fisioterapia de Suelo Pélvico Logran Reducir en un 80% la Enuresis Nocturna Infantil

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Silvia Pastor

La enuresis nocturna, conocida familiarmente como la pérdida involuntaria de orina durante el sueño, sigue siendo un desafío común en la infancia. Aproximadamente un 15% de los niños de cinco años experimentan esta condición, una cifra que representa a uno de cada seis pequeños. Aunque considerada parte del proceso normal de maduración infantil, la enuresis puede tener importantes repercusiones emocionales y sociales en los niños y sus familias, particularmente si persiste más allá de ciertas edades.

Sara Esparza, especialista en fisioterapia del suelo pélvico, define la enuresis como la incapacidad para controlar la orina en niños mayores de cinco años. Según Esparza, a esta edad, entre un 10% y un 15% de los niños presentan esta condición, y la cifra disminuye a entre un 7% y 10% alrededor de los siete años. Aunque muchos superan el problema de forma natural, es crucial prestar atención a aquellos con síntomas diurnos o efectos emocionales negativos.

El control de la continencia nocturna es un proceso complejo que involucra la coordinación entre la vejiga, el sistema nervioso y la musculatura del suelo pélvico. Aunque el proceso de maduración varía, algunos niños no desarrollan adecuadamente esta coordinación, resultando esta situación de una inmadurez de los centros de control asociados.

Existen distintos tipos de enuresis. La primaria se da cuando un niño nunca ha alcanzado la continencia, mientras que la secundaria surge tras un periodo de al menos seis meses sin incidentes. Identificar causas subyacentes es vital, ya que factores como infecciones urinarias, estreñimiento o eventos emocionales pueden desencadenar la incontinencia.

La fisioterapia especializada ha emergido como una solución eficaz para la enuresis infantil. Uno de los primeros pasos es una educación clara tanto para el niño como para su familia, lo que mejora la comprensión del control vesical. Los hábitos conductuales, como reducir el consumo de líquidos antes de dormir y asegurarse de que el niño vaya al baño previamente, son esenciales.

Adicionalmente, se utilizan sistemas de alarma que detectan la orina y alertan al niño para que despierte, facilitando el aprendizaje del control vesical. Esta técnica, junto con ejercicios específicos y biofeedback para entrenar la musculatura del suelo pélvico, forman parte de un enfoque integrado. Para síntomas diurnos, se recomienda la neuromodulación del nervio tibial posterior y raíces sacras, una técnica supervisada realizada en casa. También es crucial el manejo del estreñimiento, ya que la presión de las heces puede mantener la incontinencia nocturna.

Es alentador que entre un 70% y un 80% de los casos muestran mejorías, aunque el tiempo necesario para observar cambios puede variar, de tres a seis meses, dependiendo de la severidad y otros síntomas. Sara Esparza enfatiza la importancia de consultar al pediatra ante sospechas de enuresis, y en caso de síntomas diurnos, una valoración urológica debe descartarse. Un enfoque colaborativo con intervención desde la pediatría, urología, fisioterapia, y psicología, cuando sea necesario, es fundamental para resolver la enuresis de forma eficaz y mejorar significativamente la calidad de vida de los niños y sus familias.

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