Los principales candidatos a la presidencia de Aragón participaron en un último debate marcado por el desorden y la ausencia de grandes propuestas. Durante el encuentro, los ocho aspirantes intercambiaron críticas y acusaciones, pero el evento careció de una exposición clara de nuevas iniciativas o planes concretos. La falta de organización y de un moderador efectivo contribuyó al descontrol, dejando a los votantes con más preguntas que respuestas sobre el futuro de la región. En un clima político tenso, el debate reflejó una contienda cerrada y la necesidad de mayores definiciones por parte de quienes aspiran a liderar Aragón.
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