En un evento que prometía ser un despliegue de creatividad y estética, Lady Gaga y Ricky Martin se unieron para ofrecer un espectáculo vibrante. Sin embargo, a pesar del talento de los artistas y de la espectacular producción, el show no logró resonar con la audiencia presente en el estadio, dejando a muchos asistentes esperando una conexión más profunda con el espectáculo. Los esfuerzos por impresionar con una puesta en escena innovadora quedaron en cierta medida eclipsados por la falta de una respuesta entusiasta del público, evidenciando la complejidad de generar impacto en una audiencia tan diversa.
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