Baton Rouge Refuerza su Seguridad con la Adquisición de un Drone de Vigilancia Militar

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María MR

El Departamento de Policía de Baton Rouge ha dado a conocer esta semana la incorporación de un dron de alta tecnología a su arsenal de vigilancia, posicionándose como una de las primeras fuerzas policiales locales en adoptar un vehículo aéreo no tripulado con características que anteriormente estaban reservadas para zonas de conflicto internacional. El dron, denominado Stalker VXE30, es producto de la colaboración entre los fabricantes Lockheed Martin y Edge Autonomy, y su llegada representa un avance significativo en la capacidad de observación de las autoridades locales.

La inversión en este equipo de última generación, cuyo coste total alcanza aproximadamente 1 millón de dólares, incluyendo entrenamiento y baterías, ha suscitado un intenso debate sobre los temas de privacidad y control sobre las tecnologías de vigilancia. Históricamente, diversas comunidades han recibido con escepticismo la adopción de equipos de vigilancia con características militares, y el uso de este tipo de dron en áreas urbanas no es la excepción.

El Stalker VXE30 no solo amplía el radio de acción de la policía, permitiéndoles acceder a espacios que previamente estaban fuera de su alcance, como propiedades privadas, patios traseros, entre otros, sino que también complica las discusiones sobre las grabaciones capturadas. Estas imágenes, tomadas por drones con cámaras de alta resolución, tienen el potencial de ser almacenadas y compartidas de formas que podrían exceder los objetivos iniciales de su vigilancia.

TJ Morse, jefe de policía de Baton Rouge, ha subrayado que la sofisticación del dron es tal que permite obtener imágenes tan detalladas que los rostros a varios kilómetros de distancia pueden ser reconocidos con claridad. Esta capacidad, combinada con la posibilidad de agregar herramientas avanzadas como lectores automáticos de matrículas o tecnología de reconocimiento facial, incrementa las preocupaciones sobre una vigilancia masiva que podría ser considerada invasiva y cuestionable desde un punto de vista ético.

Ante esta situación, surge una necesidad imperativa para que la comunidad de Baton Rouge establezca normativas específicas que regulen el uso del dron. Las directrices deberían garantizar que las nuevas herramientas de vigilancia se utilicen de forma responsable y siempre bajo una estricta supervisión ciudadana. Sin regulaciones claras, el riesgo de que se produzcan abusos o mal uso de estas tecnologías es elevado, lo que podría minar aún más la confianza que la sociedad deposita en sus fuerzas del orden.

La implementación del Stalker VXE30 en Baton Rouge promete revolucionar la manera en que las fuerzas policiales monitorean la seguridad pública, aunque no sin antes resolver las complejas implicaciones relacionadas con la privacidad y los derechos civiles de sus ciudadanos.

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