El proceso de arranque de un ordenador no comienza con el disco duro ni el sistema operativo, sino con el firmware de la placa base. Este software de bajo nivel es el encargado de inicializar el hardware, verificar su correcto funcionamiento y ceder el control al cargador de arranque del sistema. Durante años, este rol fue desempeñado por el BIOS, pero en los sistemas modernos ha sido sustituido por el estándar UEFI.
El BIOS, o Sistema Básico de Entrada/Salida, dominó el panorama de la informática durante décadas debido a su capacidad para funcionar como el método universal de arranque en los PCs compatibles. Su labor incluía la ejecución del POST (Power-On Self Test), la inicialización de componentes esenciales y la búsqueda del dispositivo de arranque adecuado para cargar el bootloader. Sin embargo, sus limitaciones, como la dependencia del esquema de particionado MBR y la falta de mecanismos de seguridad avanzados, evidencian su origen en una era tecnológica pasada.
Por el contrario, UEFI, una evolución de EFI desarrollada por Intel y estandarizada por el UEFI Forum, ofrece un enfoque más avanzado y adecuadamente adaptado a las necesidades del hardware contemporáneo. Entre sus beneficios se incluyen la compatibilidad nativa con el esquema de particiones GPT, un arranque más flexible y rápido, y soporte para discos de más de 2 TB. Además, incorpora el Secure Boot, diseñado para evitar la ejecución de bootloaders no autorizados, volviéndose un requisito en entornos actuales, como lo denota su exigencia en la instalación de Windows 11.
El término Legacy, aunque a menudo causa confusión, no se refiere a un firmware diferente. Es un modo de compatibilidad implementado en muchas versiones de UEFI, conocido como CSM (Compatibility Support Module), que simula el comportamiento del BIOS para mantener la operatividad con sistemas operativos y herramientas más antiguas.
En términos prácticos, las diferencias entre UEFI y BIOS se traducen principalmente en dos aspectos cruciales: el tipo de particionado del disco y el método de detección del sistema de arranque. Mientras que BIOS está vinculado al MBR y busca el sector de arranque en el dispositivo, UEFI requiere GPT y puede operar mediante entradas registradas en el firmware.
Así, en el día a día, errores comunes al instalar o reparar un sistema suelen estar asociados al modo de arranque incorrecto o a incompatibilidades con el esquema de particionado del disco. Ejemplos de esto incluyen USBs iniciados en modos erróneos, discos en MBR intentando arrancar en sistemas UEFI y problemas con el Secure Boot.
En conclusión, la transición hacia UEFI es casi indispensable para nuevos equipos, recomendando su uso con particiones GPT y Secure Boot activado donde sea compatible. El modo Legacy/CSM debería reservarse solo para aquellos casos que requieran el uso de software o configuraciones antiguas. El BIOS clásico, aunque parte esencial de la historia del desarrollo de los PCs, se ha convertido en una fuente de dificultades al intentar amalgamar hardware moderno con sistemas de arranque de tiempos pasados.





