BlackRock Aborda el ‘Superciclo’ de Infraestructuras: La IA Impulsa Nueva Era de Construcción con Hormigón y Cobre

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Revolucionando las Migraciones a la Nube IA para una Transicion

En un análisis reciente que ha circulado en redes sociales, al que se le atribuye su origen al gigante financiero BlackRock, se ha expuesto una tesis de gran calado que propone una nueva perspectiva sobre cómo la próxima década podría ser transformada de manera radical. Esta transformación no estaría marcada solo por avances en software y servicios digitales, sino por una colosal ola de inversión en infraestructuras que podría redefinir el ciclo económico global.

El planteamiento sugiere que hay tres fuerzas principales impulsando este fenómeno: urbanización masiva, reordenación del comercio global y una creciente demanda energética impulsada por la Inteligencia Artificial (IA). Estos factores no actúan de forma aislada, sino que convergen, generando una presión simultánea para reconstruir infraestructuras envejecidas del siglo XX y erigir las nuevas necesarias para el siglo XXI.

La situación actual de las economías avanzadas refleja este desafío dual. Las infraestructuras críticas como redes eléctricas, puentes, y sistemas de transporte, diseñados hace décadas, sufren un desgaste considerable y requieren una modernización urgente. Paralelamente, la economía digital emergente demanda la creación de una infraestructura completamente nueva que respalde su crecimiento. Esto incluye la construcción de centros de datos adicionales, la expansión de la capacidad eléctrica y la mejora de redes de comunicación.

En el entorno urbano, se proyecta que para 2050 casi 7.000 millones de personas residirán en ciudades, incrementando la demanda de vivienda, transporte y recursos básicos. Esto genera una presión significativa sobre las infraestructuras existentes y resalta la necesidad de inversiones masivas para evitar colapsos sistémicos en áreas urbanas ya saturadas.

La reconfiguración del comercio global añade otra capa de complejidad. Con el auge del nearshoring, las empresas buscan producir más cerca de sus mercados finales, lo que implica la construcción de nuevas fábricas y redes logísticas. Esta estrategia no solo requiere inversión previa significativa, sino que es un proceso que demanda tiempo y planificación.

Por otro lado, la IA introduce nuevas exigencias con su demanda de centros de datos, cuya capacidad se prevé que podría multiplicarse por 3.5 entre 2025 y 2030. Esto plantea desafíos para las redes eléctricas, que deben evolucionar para sostener tal demanda, lo que hace evidente que la IA no se desenvolverá como una revolución ligera en activos.

El comentario que se repite en esta tesis es que el futuro próximo no premiará necesariamente a aquellos con las mejores innovaciones en software, sino a quienes controlan los recursos físicos necesarios para hacer operables esas innovaciones. En este contexto, el valor se concentrará en las entidades capaces de construir, operar, y conectar la infraestructura crítica requerida.

La reflexión a la que invita esta perspectiva es que el próximo gran ciclo de desarrollo no se definirá por una competencia de modelos digitales, sino por la capacidad de ejecutar proyectos físicos de gran envergadura, cimentados en la infraestructura sólida de hormigón, cobre y electricidad. En última instancia, el éxito se medirá no solo en términos de ingenio tecnológico, sino también en la capacidad de superar cuellos de botella físicos y logísticos que definirán el ritmo del desarrollo global en las próximas décadas.

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