El comandante de la Patrulla Fronteriza ha generado controversia por adoptar una estética vinculada con simbología y discursos reminiscentes al fascismo. Su estilo personal y algunas decisiones operativas han levantado críticas y preocupaciones tanto a nivel nacional como internacional. Este enfoque ha desatado un debate sobre la imagen y los valores que debería representar una institución encargada de la seguridad en las fronteras, exacerbando tensiones políticas y sociales en un momento de sensibles discusiones sobre migración y derechos humanos.
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