La producción de semiconductores en Estados Unidos enfrenta un desafío económico considerable, reflejado en los costos desglosados de fabricación de obleas de 5 nm en 2025. La comparación entre las plantas de TSMC en Taiwán y Estados Unidos revela una diferencia chocante en términos de costos y márgenes. Producir en territorio estadounidense es significativamente más caro, con un costo total por oblea en EE. UU. de 16.123 dólares frente a los 6.681 dólares en Taiwán, lo que se traduce en un sobrecoste del 141%. Esta disparidad impacta directamente en la rentabilidad, reduciendo el margen bruto por oblea de un 62% en Taiwán a solo un 8% en EE. UU.
Uno de los factores más determinantes en esta ecuación es la depreciación por oblea. En Taiwán, la depreciación asciende a 1.500 dólares, mientras que en Estados Unidos alcanza los 7.289 dólares. Este incremento de un 384% no solo evidencia un problema de costos, sino que también resalta las diferencias estructurales en la escala de producción. La capacidad mensual instalada en Taiwán es de 90.000 obleas, en comparación con las 24.000 en EE. UU., lo que incrementa la «carga» de amortización de las instalaciones en el país norteamericano.
La mano de obra representa otro desafío económico, duplicando su costo en EE. UU. hasta alcanzar 3.600 dólares por oblea, una diferencia que no solo responde a los salarios, sino también a la operativa y flexibilidad laboral. Además, los costos de materias primas también son el doble en Estados Unidos, aumentando de 1.520 a 3.040 dólares por oblea. Mientras tanto, los costos fijos y organizativos, reflejados en el overhead, también se alzan, subiendo de 471 a 803 dólares por oblea.
Pese a un menor desembolso en capital (capex) en EE. UU. con 14.380 millones de dólares comparado a los 27.000 millones en Taiwán, el costo por oblea sigue siendo superior debido a su producción menor y los gastos operativos. Esta situación lleva a plantear diversas estrategias en el mercado, desde precios más altos para obleas locales, incentivos gubernamentales, hasta mejoras en la escala de producción e innovaciones organizativas.
El traslado de la manufactura de chips fuera de Taiwán conlleva una serie de complejidades que van más allá de la simple inversión económica. La creación de un ecosistema robusto, la capacitación del talento local y la cultura operativa son elementos esenciales para alcanzar una economía de escala que permita reducir costos. A futuro, la industria tendrá que equilibrar entre el coste financiero y las demandas estratégicas de seguridad y suministro local, en un escenario donde la diversificación es tanto una necesidad geopolítica como un desafío económico.








