En la madrugada del miércoles al jueves, las monjas que se separaron de la Iglesia Católica abandonaron el convento de Belorado antes de que se realizara el desahucio ordenado por el Tribunal de Instancia de Briviesca. Representadas por sus abogados, las religiosas evitaron entregar personalmente las llaves, dejando a su salida un convento en condiciones deplorables y con valiosos pergaminos mal ubicados. El arzobispado de Burgos documentó la escena, señalando la pérdida de ornamentos litúrgicos y mobiliario. Mientras tanto, las monjas se han trasladado a la comarca de Torrijos a la espera de un nuevo hogar, defendiendo que solo se llevaron pertenencias propias y cuestionando la credibilidad del inventario realizado por el arzobispado. En medio de la disputa legal sobre la propiedad basada en el derecho canónico, las monjas lanzaron una página web en busca de solidaridad para encontrar un nuevo convento, en un caso que revela tensiones entre las regulaciones eclesiásticas y la realidad judicial española.
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