En los últimos años, Andalucía ha experimentado un aumento significativo en el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), que ha crecido hasta un 61%. Sin embargo, este incremento se ha visto eclipsado por el aumento del Índice de Precios al Consumo (IPC), lo que ha llevado a que las subidas salariales resultantes de las negociaciones colectivas se vean mermadas. Esta situación ha generado una preocupante pérdida de poder adquisitivo para muchas personas trabajadoras en la región.
Varios informes, como la Encuesta Trimestral de Coste Laboral, el Informe FUNCAS, la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Informe de Oxfam Intermon, respaldan esta afirmación. Según estos estudios, las personas trabajadoras en Andalucía necesitarían percibir un 2,7% más de sus salarios actuales para alcanzar el nivel de ingresos que tenían en 2019.
Además, los datos revelan una alarmante realidad: un 19,4% de las personas ocupadas en Andalucía enfrenta lo que se conoce como pobreza laboral, lo que significa que, a pesar de estar empleadas, sus ingresos son insuficientes para cubrir sus necesidades básicas. Esta situación se agrava aún más, ya que el 27,4% de la población trabajadora admite tener serias dificultades, o incluso mucha dificultad, para llegar a fin de mes.
La combinación de estas estadísticas sugiere que, a pesar de los avances en el SMI, muchos trabajadores andaluces están atrapados en un ciclo de precariedad. Este contexto resalta la importancia de seguir impulsando políticas que no solo busquen aumentar el salario mínimo, sino que también aborden las cuestiones estructurales que afectan a la economía regional, garantizando así un verdadero bienestar para la población trabajadora. La lucha por un empleo digno y remunerado de manera justa continúa siendo un desafío esencial para mejorar la calidad de vida en Andalucía.
Fuente: CCOO Andalucía.