Una década después del fin de la política del hijo único en China, el país enfrenta un acelerado declive demográfico, según las cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas. En 2025, la población se redujo en 3,39 millones de personas, alcanzando los 1.404,89 millones, y registrando la caída anual más pronunciada desde 2022. Este descenso demográfico, el más bajo desde 1949, se ve agravado por un envejecimiento acelerado de la población. A pesar de los esfuerzos por incrementar la natalidad, la tasa de nacimientos sigue en declive, lo que compromete la fuerza laboral y presiona el sistema de pensiones en la segunda economía mundial. La automatización se ha convertido en una herramienta clave para contrarrestar la falta de mano de obra. Pekín ha iniciado políticas para afrontar la crisis, tratando la demografía como una cuestión de seguridad nacional. El costo proyectado de estas medidas para 2026 podría ascender a 180.000 millones de yuanes, mientras que las proyecciones de la ONU alertan sobre un posible descenso a 633 millones de habitantes hacia finales del siglo, lo que impactaría significativamente en la economía y en el protagonismo global de China.
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