En China, millones de patos han revolucionado la agricultura al ser empleados en los arrozales como una solución ecológica para combatir plagas y fertilizar el suelo. Estos animales, que cada mañana son liberados para trabajar en el campo, se alimentan de insectos y malas hierbas, reduciendo así el uso de pesticidas e insecticidas dañinos para el entorno. Los patos también contribuyen al equilibrio biológico y la calidad del arrozal gracias a sus excrementos, que actúan como abono natural. Esta técnica no solo es rentable y accesible para agricultores de pequeña y mediana escala, ya que no requiere inversiones complejas, sino que también ofrece una fuente adicional de ingresos a través de la venta de los patos criados. La práctica destaca en un contexto de creciente resistencia a químicos agrícolas, favoreciendo un entorno más limpio y reduciendo la contaminación del agua y el suelo.
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