En una maniobra significativa, China movilizó en enero más de 1.400 barcos pesqueros para formar una colosal barrera en el Mar de China Oriental, demostrando su habilidad para coordinar recursos civiles con fines estratégicos. Esta operación, que alteró rutas comerciales, pone de manifiesto cómo Pekín emplea su flota civil en ejercicios casi militares para controlar áreas en disputa, evidenciando una avanzada coordinación logística sin recurrir a las fuerzas armadas tradicionales. Tal despliegue subraya el uso de la «milicia marítima» como herramienta de influencia geopolítica, especialmente en aguas cercanas a Japón, Taiwán y Filipinas, impactando la seguridad marítima regional.
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