En medio de crecientes tensiones geopolíticas, EE. UU. y China compiten por rutas comerciales estratégicas, con Trump estableciendo control sobre el Canal de Panamá y el Estrecho de Ormuz, mientras China, en alianza con Rusia, desarrolla una nueva ruta marítima en el Ártico conocida como la Ruta de la Seda del Hielo. La estatal rusa Rosatom ha facilitado los primeros permisos para buques chinos, con el objetivo de reducir tiempos y costes al conectar Asia con Europa, desafiando el control occidental sobre los estrechos marítimos claves. A medida que el conflicto bélico y comercial se intensifica, el Ártico emerge como un terreno de vital importancia, reflejando ambiciones de dominación en Eurasia frente a la talasocracia anglosajona. La situación se agrava con incidentes de ciberespionaje, como los ocurridos en el Reino Unido, y el interés de EE. UU. por incrementar su presencia en territorios árticos, marcando una nueva etapa en la rivalidad global.
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