Las antiguas aldeas conocidas por sus aguas curativas y promesas de longevidad han sido reemplazadas por ambiciosos proyectos biotecnológicos financiados con capitales estatales y privados que buscan prolongar la vida humana. A pesar de estos avances científicos, la fascinación por alcanzar la vida eterna sigue siendo un elemento persistente en la cultura actual, reflejando un deseo humano inquebrantable de desafiar los límites de la mortalidad.
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