En 1948, en Klamath Falls, Oregón, se implementó un innovador sistema geotérmico para despejar de nieve una carretera en pendiente, sustituyendo el uso de quitanieves por una red de tuberías bajo el pavimento que aprovechaba el calor del subsuelo. Inicialmente, esta solución aportó entre 103 y 264 kilovatios de calor, dependiendo del caudal de agua. Sin embargo, con el tiempo, el pozo geotérmico perdió presión y temperatura, y las tuberías de hierro comenzaron a corroerse, lo que llevó al cese del sistema en 1997. En 1998, se reconstruyó utilizando tuberías de polietileno reticulado, un material más resistente a la corrosión, extendiéndose a 2.040 metros cuadrados de pavimento, manteniendo la capacidad de funcionamiento bajo temperaturas extremas y sirviendo como referencia para nuevas aplicaciones de energía geotérmica y solar.
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