El poblado de Son Banya, en Palma, ha reconfigurado su estructura para desafiar la labor de las fuerzas de seguridad. Con cinco nuevos accesos, creados parcialmente con maquinaria pesada y protegidos por montículos de tierra y basura, el asentamiento ha complicado el control policial, anteriormente centrado en una única entrada. Ante este desafío, el Ayuntamiento de Palma ha intervenido destruyendo nueve casetas ilegales usadas para el narcotráfico y clausurando accesos clandestinos. La reciente operación ha contado con un despliegue de más de 80 agentes, pero no ha resultado en detenciones significativas ni en la incautación de grandes cantidades de droga. Las preocupaciones sobre posibles filtraciones policiales permanecen, tras comentarios de clanes que aparentemente anticipaban la intervención.
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