Dormir bien durante el verano se presenta como un verdadero reto, especialmente cuando las altas temperaturas reinan durante la noche. Este fenómeno, que afecta a millones, es materia de estudio para el doctor Carlos Egea, jefe de la Unidad del Sueño del Hospital Quirónsalud Vitoria. Egea subraya que el calor no solo complica la conciliación del sueño sino también deteriora su calidad, haciéndolo menos reparador.
Para el especialista, el sueño se sustenta en dos pilares fundamentales: la oscuridad y el descenso de la temperatura corporal. Según explica, «para que se inicie el sueño, necesitamos que haya un ciclo de luz y oscuridad que favorezca la producción de melatonina, además de que la temperatura corporal descienda aproximadamente medio grado». Sin embargo, si el clima exterior es cálido o el cuerpo ha aumentado su temperatura interna debido al ejercicio, el proceso de quedarse dormido se torna complejo.
La calidad del sueño incide directamente en el bienestar diario. Pasar malas noches puede acarrear cansancio, dificultad para concentrarse, somnolencia e irritabilidad. «Después de noches de mucho calor, una persona puede sentirse más cansada y menos ágil mentalmente, además de estar más propensa a alteraciones de humor», señala Egea. Dormir menos horas de las necesarias incrementa el riesgo de accidentes, ya sean laborales o de tráfico.
Aunque el control del factor externo, como el calor, es complicado, el doctor Egea ofrece soluciones prácticas para mejorar el descanso nocturno. La temperatura óptima para dormir oscila entre los 19 y los 21 grados. Entre los métodos sugeridos para alcanzar dicho entorno, se encuentran el uso moderado de aire acondicionado, ventiladores, abrir ventanas cuando la temperatura exterior lo permita o tomar una ducha fría antes de acostarse.
Carlos Egea propone cinco estrategias específicas para optimizar la calidad del sueño en noches calurosas:
1. Mantener la habitación fresca, acercándose a la temperatura ideal de descanso.
2. Ventilar durante las horas adecuadas, abriendo ventanas cuando exista una temperatura exterior favorable.
3. Usar aire acondicionado o ventiladores con moderación, para evitar la excesiva sequedad.
4. Evitar el ejercicio intenso antes de dormir, ya que esto podría elevar la temperatura corporal.
5. Reducir la exposición a luces y pantallas antes de acostarse, para favorecer la producción de melatonina.
Egea subraya la importancia de transformar la habitación en un refugio propicio para el descanso y enfatiza que no se debe considerar normal una falta prolongada de sueño. Si los síntomas como el cansancio diurno, el insomnio o los ronquidos intensos son constantes, recomienda buscar atención médica. «Un buen sueño es esencial para la salud cardiovascular y cerebral», concluye el especialista.




