En 2025, un movimiento creciente de comunidades a lo largo de Estados Unidos logró avances significativos en la protección de la privacidad, al cancelar contratos relacionados con la vigilancia a través de lectores de matrículas automatizados (ALPR). Este éxito se dio en localidades de diversos espectros ideológicos, como Austin en Texas, Cambridge en Massachusetts y Eugene en Oregón, demostrando que la preocupación por la privacidad y la discriminación trasciende divisiones políticas.
Este avance se cimentó en tres pilares fundamentales: un defensor político dentro de los consejos municipales, presión organizada desde la comunidad, y apoyo técnico en momentos clave. Utilizando el poder adquisitivo como una herramienta crucial, los organizadores lograron eliminar políticas consideradas contrarias a los intereses comunitarios.
El método adoptado, denominado como «la victoria fea», se enfocó menos en la promulgación de leyes de privacidad ideales y más en la cancelación de contratos vigentes. Este enfoque pragmático fue eficaz al detener la vigilancia en su origen, abordando el problema financieramente en vez de depender de largas reformas legislativas.
Las tácticas se basaron en evidenciar los daños causados por la vigilancia, como en Olympia, Washington, donde investigaciones revelaron el rastreo injustificado de comunidades minoritarias mediante la red de Flock. Esta revelación impulsó una movilización ciudadana que culminó en una protesta con casi 200 participantes, logrando finalmente la eliminación de las cámaras.
La estrategia denominada «jugar desde adentro y afuera» fue esencial: ciudadanos organizados movilizaron a sus vecinos y participaron en audiencias públicas, creando un ambiente donde los líderes electos pudieran rechazar estas tecnologías sin temor a consecuencias políticas adversas. Además, las comunidades se equiparon con recursos técnicos, incluyendo guías de investigación, lo que les permitió liderar estas disputas sin convertirse en expertos en políticas.
Una de las ideas erróneas desmanteladas en 2025 fue que solo las jurisdicciones progresistas podían resistir tales tecnologías de vigilancia. Ejemplos en Texas mostraron que tanto áreas urbanas como rurales podían unirse efectivamente contra el monitoreo, resaltando cómo la privacidad es un valor compartido y no exclusivo de un sector político específico.
La inspiración mutua jugó un rol importante. Cuando Austin logró cancelar su contrato, otras comunidades en Texas siguieron su ejemplo, consolidando una red de conocimiento y acción colectiva que se tradujo en rechazos y cancelaciones en casi dos docenas de jurisdicciones. Este fenómeno construyó una infraestructura sólida para futuras resistencias, fortaleciendo el movimiento contra la vigilancia masiva y sentando un precedente crucial en la defensa de la privacidad.





