La visibilidad al volante es crucial para la seguridad vial, y conducir con la luna delantera del coche en mal estado puede aumentar significativamente los riesgos de accidente. Una luna rajada no solo reduce la visión del conductor, sino que también incrementa las posibilidades de deslumbramiento por reflejos, lo que es especialmente peligroso en carreteras convencionales. Además, las grietas pueden expandirse debido a vibraciones y cambios de temperatura, comprometiendo la resistencia estructural del vehículo y el funcionamiento del airbag del acompañante. Circular en estas condiciones puede acarrear multas y problemas para pasar la ITV. La reparación casera de pequeñas grietas con kits, que cuestan entre 15 y 40 euros, es posible, pero para daños graves es recomendable acudir a un taller, donde los costos pueden oscilar entre 200 y 600 euros, dependiendo de la magnitud del daño y el tipo de vehículo.
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