En medio de un conflicto bélico que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, ha salido a la luz una vulnerabilidad que hasta ahora había pasado desapercibida: la dependencia de internet de los estrechos geográficos. Los acontecimientos recientes han puesto en el punto de mira al mar Rojo y al estrecho de Ormuz, zonas estratégicas y ahora de alto riesgo para la conectividad digital que une Europa, Asia, África y el Golfo.
Aunque no ha habido un apagón total de internet, sí se han visto afectadas las rutas más críticas para la conectividad intercontinental. El corredor del mar Rojo, especialmente, es vital para el tráfico entre Europa y Asia. Con 17 cables submarinos atravesando sus aguas, una disrupción en esta área podría tener graves consecuencias para la conectividad global. Las experiencias previas, como los daños a tres cables en 2024 y cuatro más en 2025 debido a conflictos y obstáculos burocráticos, subrayan la precariedad de esta infraestructura.
El estrecho de Ormuz, aunque menos crucial para la conexión entre Europa y Asia, es vital para el ecosistema digital del Golfo. Cuatro cables submarinos recorren esta región estratégica, cuya importancia ha crecido debido a su vinculación con las inversiones tecnológicas de gigantes como Amazon, Microsoft y Google en el área. Sin embargo, la situación actual ha dejado en evidencia la fragilidad de depender de tan pocas rutas submarinas.
Los efectos de esta inestabilidad no son solo marítimos. El sector tecnológico también ha sufrido daños directos, como los ataques con drones a instalaciones de Amazon Web Services en Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. Esto resalta la necesidad urgente de repensar la infraestructura digital en regiones afectadas por conflictos.
Las empresas tecnológicas y los gobiernos regionales han comenzado a buscar alternativas. Arabia Saudí, Qatar y Emiratos están desarrollando proyectos de corredores terrestres para conectar más eficazmente con Europa y reducir la dependencia de los pasos marítimos vulnerables. Tal como el Medio Oriente ha diversificado sus rutas energéticas, ahora se mueve hacia la creación de infraestructuras digitales más resilientes.
Esta situación debe servir como una llamada de atención para operadores de redes y gobiernos, especialmente en Europa. Es necesario diversificar y proteger no solo las instalaciones internas de datos, sino también las vías que aseguran su conectividad global. A medida que el mundo enfrenta nuevas realidades geopolíticas, garantizar la seguridad y diversidad de estas rutas de datos es una prioridad estratégica de primer orden. La capacidad de respuesta ante daños y la creación de alternativas sólidas son vitales para evitar que los cables submarinos sigan siendo uno de los eslabones más débiles en la cadena global de internet.








