La escalada de tensiones en Medio Oriente ha alcanzado un nuevo clímax tras la reciente ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada el 28 de febrero con ataques aéreos sobre ciudades clave como Teherán, Isfahán, Natanz y Fordow. Este operativo, destinado a eliminar amenazas del régimen iraní, resultó en la muerte del líder supremo, Alí Jamenei, y desencadenó una respuesta iraní con el lanzamiento de misiles y drones contra objetivos de EE.UU. e Israel en el Golfo Pérsico. La situación ha generado una cadena de repercusiones internacionales: mientras Teherán decreta luto oficial y promete venganza, Donald Trump advierte con más fuerza militar. Las tensiones han permeado en la región con ataques registrados en países del Golfo y la paralización de infraestructuras clave, además de impactos económicos, como la subida del precio del petróleo y caídas en las bolsas europeas. La confrontación militar también afecta relaciones diplomáticas, con países como Francia, Alemania y Reino Unido considerando acciones defensivas. Entre tanto, países como España y Alemania intentan mantener una postura de prudencia, mientras llama la atención la decisión de Emiratos Árabes Unidos de cerrar su embajada en Teherán.
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