Durante su participación en el Foro Económico Mundial, el presidente de Estados Unidos, acompañado por sus secretarios, sorprendió a los asistentes por su contundente evaluación de la situación económica en Europa. La delegación estadounidense ofreció una visión crítica y afilada sobre las políticas económicas del continente, generando reacciones mixtas entre los líderes europeos presentes. Mientras algunos consideraron que las observaciones apuntaban a necesarias reformas, otros defendieron los logros económicos recientes, alimentando así un debate sobre el futuro de la colaboración transatlántica.
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