Cuba se enfrenta a una grave crisis debido a la escasez de combustible, que ha llevado al gobierno a informar a las aerolíneas internacionales que no habrá más combustible para la aviación a partir del lunes, afectando severamente al sector turístico, vital para la economía del país. La caída en las llegadas de turistas y el cierre de hoteles han añadido presión a las ya debilitadas finanzas públicas, exacerbadas por las sanciones estadounidenses que han dificultado la llegada de petróleo desde Venezuela y México. En respuesta, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel se ha mostrado dispuesto a dialogar con Estados Unidos, mientras planifica un «plan multisectorial de contingencia» para mitigar los efectos de la crisis, que incluye cambios en horarios laborales y la cancelación de eventos culturales importantes. La población sufre apagones constantes y largas filas para obtener combustibles, evidenciando una economía virtualmente paralizada.
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