La evolución del almacenamiento óptico ha sido un viaje fascinante que transformó la forma en que se distribuía y consumía la información desde la década de 1980. Este recorrido comenzó con la introducción del CD-ROM, un avance que revolucionó el mundo del software, los videojuegos, y las enciclopedias, ofreciendo una capacidad de almacenamiento insospechada para la época en comparación con los modestos disquetes de 1,44 MB.
El acuerdo entre Sony y Philips en 1983 marcó el inicio del CD-ROM, un formato capaz de almacenar entre 650 y 700 MB de datos. Esta innovación facilitó la distribución masiva de software y multimedia, y permitió almacenar el equivalente a 451 disquetes en un solo disco. Sin embargo, el CD-ROM tenía sus limitaciones: era de solo lectura, obligando a los usuarios a depender de su contenido pregrabado.
A medida que avanzaba la década de 1990, el DVD llegó para aumentar considerablemente la capacidad de almacenamiento hasta 4,7 GB por capa, suficiente como para revolucionar el video doméstico con el formato DVD-Video, desbancando al VHS. Más tarde, el Blu-ray daría un salto aún mayor en la capacidad de almacenamiento, alcanzando 25 GB por capa, ideado para el contenido de alta definición y los videojuegos.
La carrera tecnológica no se detuvo ahí. Con la llegada de los formatos grabables y regrabables, como CD-R y CD-RW, los usuarios ganaron la habilidad de guardar y borrar información a voluntad, una ventaja significativa que benefició en gran medida la creación de copias de seguridad económicas.
El auge de Internet y la adopción generalizada de almacenamiento flash dieron paso al declive de las unidades ópticas, especialmente en portátiles donde el espacio era un bien preciado. Sin embargo, el legado de estos soportes permanece vigente. Los archivos ISO, una representación digital del sistema de archivos CD-ROM, siguen siendo esenciales para la distribución de software y sistemas operativos arrancables en un mundo donde los discos físicos son cada vez menos comunes.
En retrospectiva, el creciente tamaño de los discos ópticos allanó el camino para la disponibilidad de aplicaciones y contenido digital más grande y sofisticado. A pesar de que hoy en día las memorias USB, los SSD y el almacenamiento en la nube han cambiado el panorama, el impacto de los soportes ópticos en la informática moderna es innegable. Estos discos brillantes fueron protagonistas durante décadas, facilitando el acceso a software complejo y multimedia en cada rincón del mundo conectado a un ordenador.




