La arquitectura, específicamente el concepto de hogar, ha sido un tema central en la literatura y el cine, funcionando como un reflejo de las dinámicas humanas. Las casas, con su dualidad de refugio y prisión, protagonizan muchas narrativas, como en la novela «El aniversario» de Andrea Bajani, que explora los límites de la libertad personal dentro de un hogar aislado. Esta tensión también se observa en las memorias noveladas de Marcos Giralt Torrente y Laure Murat, quienes presentan hogares como escenarios de control y dilucidación de identidades familiares. Sin embargo, la representación de un hogar va más allá de las paredes, ya que se extrapola a otras formas de cobijo como hoteles o incluso bancos en las calles, donde se desdibujan las líneas entre protección y restricción. A lo largo de estas narrativas, el espacio físico se convierte en elemento esencial para entender el comportamiento humano, reflejando cómo los individuos se moldean por su entorno y al mismo tiempo lo transforman.
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