La reciente cumbre de la Unión Africana en Adís Abeba expuso los desafíos que enfrenta el continente ante las injerencias globales y los conflictos internos persistentes. Con el burundés Évariste Ndayishimiye como nuevo presidente, los líderes africanos destacaron la necesidad de unidad y autonomía frente al intervencionismo de potencias como China, Rusia y Estados Unidos. Sin embargo, la falta de soluciones concretas y la dependencia económica de la UA, financiada mayoritariamente por donantes externos, subrayan la fragilidad del organismo. Las luchas internas y golpes de Estado siguen siendo una realidad, mientras que la competencia geopolítica por recursos y mercados entre potencias extranjeras añade presión. Los intentos de integración económica y política avanzan lentamente, mientras la UA busca recuperar credibilidad y eficacia en un contexto mundial cada vez más complejo.
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