Europa enfrenta críticas por mantener una política energética anacrónica, diseñada para un panorama que ya no refleja la realidad actual. Los expertos señalan que la transición energética no debe basarse en ideas rígidas o dogmáticas, sino en la apertura de diversas opciones que permitan adaptarse a los cambios tecnológicos y a las necesidades medioambientales contemporáneas. Esta estrategia implicaría un enfoque más flexible que contemple soluciones innovadoras y diversas para enfrentar los desafíos del cambio climático y la seguridad energética en la región.
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