El origen de la letra «ñ» se remonta a la Edad Media, cuando los copistas medievales, para ahorrar espacio y tiempo en los pergaminos, comenzaron a utilizar una pequeña marca sobre la letra «n» para representar la doble «n» (nn), que era común en palabras de ese periodo, como «anno» y «donna», que eventualmente se convirtieron en «año» y «doña». Esta marca, conocida como virgulilla, se consolidó como parte de la letra «ñ» cuando la imprenta comenzó a difundir textos impresos en castellano, preservando su forma ondulada para imitar la escritura manuscrita de la época. La «ñ» es una característica distintiva del español, aunque también ha sido adoptada por idiomas como el gallego y el vasco. La virgulilla, etimológicamente, proviene del latín «virgula», que significa «rayita», y sirvió históricamente como trazo abreviativo. El establecimiento y promoción de la «ñ» como letra diferenciada en el español fue impulsada por el rey Alfonso X El Sabio y posteriormente reconocida en la primera gramática española por Antonio de Nebrija en 1492. Aunque el sonido que representa no existía en el latín original, emergió para reflejar los fonemas del latín vulgar. En el abecedario español, junto con la «ñ», otras letras que no formaban parte del inventario latino original incluyen la «u», «j» y «w».
Leer noticia completa en OK Diario.



