Descubriendo el Camino hacia la Sanación: Abordando las Heridas Invisibles del Parto

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Silvia Pastor

En Somalia, la problemática de la salud materna continúa siendo una preocupación crítica, especialmente en las áreas rurales donde la falta de acceso a servicios médicos adecuados cobra un alto costo en vidas humanas. Farhiya, una mujer de 38 años de la región de Beletweyne, ilustra las cifras sombrías: seis de cada diez partos en el país se realizan sin supervisión médica, un riesgo que ella conoce de primera mano tras sufrir una fístula obstétrica. Esta condición, derivada de complicaciones en el parto, la condenó a la incontinencia y al aislamiento social. «Vivía en mi casa como si tuviera algún tipo de enfermedad contagiosa», relata Farhiya, evidenciando el estigma que acompaña a estas mujeres.

La situación no es exclusiva de Somalia, pero el país, junto con Yemen y Sudán, enfrenta una de las mayores incidencias de este problema en la región árabe. Según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas, hay aproximadamente 171,000 mujeres embarazadas en Somalia que no tienen acceso al cuidado sanitario esencial, lo que podría salvar sus vidas y prevenir complicaciones.

El contexto humanitario del país, agravado por la desnutrición severa entre mujeres embarazadas y lactantes, exacerba el riesgo de partos prematuros y complicaciones neonatales. En este entorno adverso, la historia de superación de Farhiya, quien logró obtener el apoyo de su comunidad para financiar un viaje a Mogadiscio, representa un rayo de esperanza. Allí, una campaña contra la fístula, respaldada por el Hospital Dayniile en colaboración con el Ministerio Federal de Salud, Physicians Across Continents y el Fondo de Población de las Naciones Unidas, le permitió acceder a una cirugía gratuita.

La doctora Aisha Abdulkadir Abdullahi, parte del equipo médico que asiste a las pacientes, resalta el valor de estas campañas que no solo ofrecen reparación física, sino también la oportunidad de recuperación emocional para mujeres que, como Farhiya y Nince, han sufrido en silencio. El testimonio de Nince, otra paciente que recuperó su vida social tras una operación exitosa, subraya el profundo impacto que estas intervenciones pueden tener, no solo en la salud física, sino también en la dignidad y bienestar de las mujeres.

Estas iniciativas son un paso crítico hacia la sensibilización y la reducción de la incidencia de la fístula obstétrica. Aunque el camino es arduo, las historias de Farhiya y Nince son testimonios poderosos de la resiliencia humana y la importancia de los esfuerzos coordinados para mejorar la salud materna en las regiones más vulnerables del mundo.

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