En un edificio de la avenida Picasso de Palma, la convivencia vecinal se ha visto alterada por los ruidos provenientes de un apartamento, donde una pareja mantiene una intensa actividad sexual a cualquier hora del día. Los vecinos, exasperados por la situación, han tratado de dialogar con los implicados, quienes niegan ser los responsables, generando más confusión. En un intento por mitigar el problema, los residentes han recurrido a soluciones como subir el volumen de sus televisores o cerrar ventanas, incluso en verano. A pesar del cansancio, la comunidad afronta el asunto con humor, aunque la tensión sigue en aumento y ha alcanzado notoriedad al ser denunciado públicamente en la televisión local. En este contexto, el silencio se ha convertido en un bien escaso en el vecindario.
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