El Arzobispado de Burgos ha constatado un avanzado estado de deterioro en el monasterio, el cual se encuentra desprovisto de muebles y no cumple con las condiciones mínimas necesarias para ser habitado a corto plazo. Esta evaluación resalta la urgencia de realizar intervenciones estructurales para la conservación del patrimonio y pone de manifiesto los desafíos que enfrenta la iglesia en la gestión de edificaciones históricas en desuso.
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