El almacenamiento es uno de los componentes de ordenador que más ha evolucionado en las últimas dos décadas, pasando de los tradicionales discos duros mecánicos (HDD) a unidades de estado sólido (SSD) basadas en memoria flash y, más recientemente, al revolucionario protocolo NVMe. Este avance no solo ha mejorado los tiempos de arranque y la apertura de aplicaciones, sino que ha redefinido significativamente el rendimiento de bases de datos, virtualización, compilaciones y cargas de trabajo de Inteligencia Artificial.
Elegir el sistema de almacenamiento adecuado es crítico. Un error en esta decisión puede convertir incluso a un servidor potente en un sistema lento, pese a contar con una CPU y RAM suficientes. Acertar, en cambio, contribuye a reducir las latencias, mejorar la productividad y permitir la consolidación de más servicios por nodo sin cuellos de botella.
El HDD, pese a ser un veterano en el ámbito del almacenamiento, sigue siendo imprescindible para ciertos usos gracias a su competitivo coste por gigabyte, haciéndolo idóneo para almacenamiento masivo, copias de seguridad y videovigilancia. Sin embargo, su rendimiento se ve limitado por la mecánica intrínseca de los platos giratorios y los cabezales mecánicos, lo cual se traduce en latencias en milisegundos y bajas operaciones por segundo (IOPS), especialmente con accesos aleatorios.
Por otro lado, los SSD SATA han mitigado estas limitaciones mecánicas al utilizar memoria NAND Flash, reduciendo drásticamente la latencia y multiplicando el rendimiento en términos de IOPS, especialmente en lecturas aleatorias. Aunque aún sujetos a las limitaciones del interfaz SATA III, los SSD SATA se presentan como una sólida opción para revitalizar equipos antiguos y para aplicaciones con requisitos moderados de IOPS.
NVMe, por su parte, representa un salto cualitativo al tratarse de un protocolo diseñado específicamente para memoria flash, operando sobre PCIe y aprovechando al máximo el paralelismo del hardware moderno. NVMe no solo multiplica las velocidades secuenciales, sino que transforma la capacidad de manejar operaciones simultáneas, lo cual es crucial en escenarios de multitarea elevada como virtualización y bases de datos complejas.
Es importante señalar que figuras publicitarias como los impresionantes valores secuenciales de 7.000 o 14.000 MB/s, obtenidos en condiciones ideales, no siempre reflejan el rendimiento real del sistema bajo cargas prácticas. En entornos reales, el rendimiento en accesos aleatorios de baja profundidad de cola y otros factores como la controladora, el tipo de memoria NAND y la gestión térmica, son cruciales.
La elección entre HDD, SSD SATA y NVMe no es simplemente una cuestión de velocidad o capacidad; implica una consideración detallada del tipo de carga y patrones de acceso a los que estará sujeto el sistema. Quien selecciona cuidadosamente el tipo de unidad de acuerdo a estas variables logra optimizaciones que ni siquiera el doble de capacidad de CPU podría compensar. En definitiva, el almacenamiento, más que un simple detalle, se ha convertido en un componente crítico de la arquitectura informática moderna.








