Tras el ataque de Estados Unidos a Venezuela, el discurso del presidente Donald Trump se ha centrado en reconocer abiertamente el interés estadounidense por el petróleo venezolano, a diferencia de la invasión a Irak en 2003, donde se intentó justificar la acción con amenazas de armas de destrucción masiva. La respuesta europea ha sido tibia, con líderes como el canciller alemán Friedrich Merz calificando la intervención como «legalmente compleja». En medio de estas tensiones, ha surgido nuevamente la idea de Trump de adquirir Groenlandia, mientras los europeos se preguntan si deberían exigir la devolución de territorios históricos como respuesta. Aunque el ataque ha provozado una condena internacional, la situación actual refleja una nueva era de realpolitik en la que las justificaciones tradicionales han sido sustituidas por intereses explícitos.
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