En el desierto de Atacama, al norte de Chile, se acumulan anualmente más de 60.000 toneladas de ropa abandonada, formando un vasto vertedero textil visible desde el espacio. Este fenómeno, derivado de la moda rápida, se origina en el puerto de Iquique, donde llegan prendas de segunda mano de Europa y otros lugares, muchas de las cuales no encuentran mercado y terminan desechadas en Alto Hospicio. Entre las marcas presentes figuran gigantes como Old Navy, H&M y Zara. La quema de estas prendas agrava la contaminación ambiental, afectando al suelo y liberando compuestos nocivos al aire, con potencial daño a la salud de los habitantes cercanos. La localidad de Alto Hospicio, afectada por este desastre ambiental, es vista como un «basurero mundial», con su alcalde denunciando la situación prolongada de desatención. A nivel global, Chile se posiciona como el cuarto importador de ropa usada, reflejando una crisis de moda rápida que trasciende fronteras y destaca una industria que produce un significativo impacto ambiental a nivel mundial. El caso ha llegado a los tribunales, donde el Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta responsabilizó al Estado chileno por no controlar estos residuos, dictando un plan de reparación ambiental de diez años cuya apelación aún está en curso. La ONU advierte sobre el impacto de la moda, sugiriendo que alargar la vida de las prendas podría reducir considerablemente las emisiones de gases de efecto invernadero.
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