La creciente preocupación por el aumento global de la deuda pública se intensifica, tal como lo expuso Kristalina Georgieva, directora del FMI, en Davos. Mientras los países enfrentan déficits históricos, las economías avanzadas ven una deuda que supera el 110% del PIB, una situación comparable solo con tiempos de guerra. Estados Unidos, con un déficit del 6,2% el pasado año, y la eurozona, enfrentan presiones fiscales y aún mayores desafíos en sus presupuestos. Economistas como Ray Dalio advierten sobre riesgos de «ataques al corazón económico» si la deuda no se gestiona para generar crecimiento. Japón ejemplifica la vulnerabilidad del sistema con un reciente colapso en sus bonos gubernamentales. La deuda, aunque inevitable para el crecimiento en ciertas áreas, podría constituir un problema sistémico si no se maneja con proyección y prudencia. El desafío es encontrar un equilibrio entre inversión en innovación tecnológica, sin crear una carga insostenible para las futuras generaciones.
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