El terremoto de magnitud 7,7 que azotó el sudeste asiático ha dejado una estela de devastación en Myanmar, con al menos 1.644 muertos y más de 3.400 heridos. A pesar de este desastre natural, la guerra civil en el país no ha cesado, con el ejército (Tatmadaw) llevando a cabo bombardeos en áreas controladas por milicias opositoras. El Gobierno de Unidad Nacional (NUG) ha declarado un alto el fuego de dos semanas para facilitar la llegada de ayuda, aunque la junta militar no ha emitido respuesta. Organizaciones internacionales alertan sobre la escasez de suministros médicos, mientras el país sigue aislado tras el golpe de 2021. En Tailandia, el sismo ha provocado el colapso de un rascacielos en Bangkok, con 17 muertos y 83 desaparecidos. Naciones como China, Rusia e India han enviado ayuda, pero los enormes daños en infraestructuras complican las operaciones de rescate. Las proyecciones sugieren que el impacto del desastre podría superar los 10.000 fallecidos y llevar años en reconstruirse.
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